Carnavales

Febrero es el mes del Carnaval, una fiesta pagana que se celebra desde tiempos inmemoriales. Ya en la antigua Roma comenzaron a celebrarse. En ellas, los romanos festejaban el fin del letargo invernal. Con la llegada del cristianismo, esta celebración se transformó en una fiesta que siempre se realizará antes del período de ayuno que caracteriza a la Cuaresma, en el mes de febrero.

En España, la variedad de las fiestas de carnaval es tan grande como sus pueblos. Desde la mitología en el norte con Miel Otxin y Momotxorro en el País Vasco y Navarra, hasta las chirigotas de Cádiz. Desde los trajes y las comparsas del animadísimo Carnaval de Tenerife, hasta el entierro de la sardina en Murcia.  

Sin embargo, hoy hablaremos de tres carnavales que no son demasiado conocidos pero que se caracterizan por una larga tradición y algunas características extraordinarias.

En el Carnaval de Águilas (Murcia) existen cuatro personajes representativos, que son elegidos todos los años en el mes de agosto por las peñas de la ciudad. La Musa, que representa el espíritu festivo del carnaval. Doña Cuaresma, que representa la abstinencia, el pudor y la serenidad. Don Carnal, la reencarnación del Dios Jano, que vence a Doña Cuaresma y consigue una semana de fiesta, pero sabe que su reinado es temporal. Y por último La Mussona, un personaje mitad humano mitad animal, que representa la dualidad de estas fiestas y de los seres humanos. 

El Carnaval de Palma es conocido por su Día de los Indianos, una caricaturización de los canarios que emigraron a Las Indias y que a su regreso hacían alarde de riquezas obtenidas. Una fiesta de música y guarachas en la que uno de los momentos mágicos es el lanzamiento de polvos de talco. Ambos ingredientes, Indianos y Talco, se unieron de forma espontánea y genuina en los años 80 dando lugar a la fiesta del lanzamiento del talco tal y como se conoce hoy en día. 


Y por último, en el norte de Navarra, se celebran los carnavales de Lanz, el más importante que se celebra en la Comunidad Foral. Cuando cae la noche, las calles del pueblo se inundan de vecinos representando a distintos personajes escenificando la captura de Miel Otxin, un malvado bandido, que representa a los malos espíritus. Entre los demás personajes se puede ver a Ziripot, un personaje rechoncho vestido de sacos relleno de helechos; Zaldiko, mitad caballo, mitad hombre; los Artzoak, que son los herreros de los Zaldikos; y los TxaTxos, que representan a la población de Lanz enfundados en pieles de animales y ropas viejas y coloridas. Un auténtico deleite con la mitología vasca de trasfondo.