Vacaciones en tu interior

Ya hemos hablado anteriormente sobre los beneficios de disfrutar de momentos libres y aprender a encontrar el ritmo correcto en la vida. Trucos que te hacen redescubrir un poco de tranquilidad en medio del caos de la rutina diaria. Leer un libro, pasear por la naturaleza, invitar a algunos amigos a pasar una tarde de ocio, disfrutar tumbado en un prado mirando al cielo, cocinar algo delicioso para comer… Es tiempo de mimarse a uno mismo, pasar una tarde en el cine o en un museo o ir a ver ese espectáculo por el que has estado esperando durante tanto tiempo, pero por los compromisos has dejado de lado.

El problema, como siempre, es el tiempo. Es el gran tirano de nuestros días, este tic-tac que corre en las manecillas de los relojes e impide que nos relajemos. El tiempo nos apura tanto que incluso esa sensación de no tener suficiente tiempo para afrontar todos nuestros compromisos tiene un nombre: el “síndrome del conejo blanco”. Para aplacarlo te recomendamos actuar en dos frentes. Por un lado, aprovechar los momentos libres para hacer algo que te apasiona y, por otro lado, invertir tiempo sencillamente en comprender qué es ese algo que te apasiona. Este proceso no es inmediato y, además, es más complicado. Tanto que en la filosofía japonesa toma el nombre de Igikai, y que nosotros llamamos serenidad.

El quid de la cuestión es sencillo: el tiempo es objetivo, pero realmente conseguir la serenidad es esa otra "cosa”, es la percepción que tenemos sobre el tiempo, que está en nuestro cerebro. Por lo tanto, una buena recomendación, ahora que disponemos de vacaciones, es desactivar el cerebro y no ser demasiado estricto con uno mismo.

¿Alguna vez has pasado una tarde de domingo en tu hogar planeando llevar a cabo una serie de actividades "productivas"? En muchas ocasiones vence el deseo de relajarnos y quedarnos en el sofá. Y cuando llega la noche los pensamientos negativos nos acechan y nos decimos a nosotros mismos: “¡He tirado el día!” ¿Te suena esta situación? El problema es que esta situación pasa muy a menudo. Cuando te acostumbras a planificar todo, incluso los momentos de relajación pueden convertirse en fuentes de estrés.
Para que no te estreses, y combatas el síndrome del "hiperpensador", así como el del "Conejo Blanco", te planteamos disfrutar de tus vacaciones de la siguiente manera:

- Dale la vuelta a tus pensamientos y no te enfoques en exceso en encontrar algo interesante. Cuando piensas demasiado puedes obsesionarte incluso con las cosas que realmente te importan. Darle muchas vueltas a las cosas puede hacerte percibirlas como algo negativo. Sencillamente no lo pienses demasiado, actúa.

- Detén el juicio continuo que haces sobre tu vida. Estar constantemente preguntándose si las cosas están mal, si realmente hemos elegido un estilo de vida que nos deja muy poco tiempo a nosotros mismos, solamente incrementará la ansiedad y los aspectos negativos. Debemos cultivar gratitud instantánea como método de satisfacción. Piensa en alguien que quieras y disfruta la felicidad que te transmite tener alguien en tu vida, estar feliz de amar a alguien. Después de despejar la cabeza con este ejercicio es momento de detenerte a escuchar buena música o salir a caminar y comenzar pensar constructivamente. Ahora es el momento de preguntarte: ¿estás cansado de ese trabajo? ¿De verdad quieres descubrir un nuevo hobby? 

Disfruta de la vida paso a paso y relájate. De esta forma las cosas fluirán y podrás comenzar a planificar con más tranquilidad.