Un paso más en el camino de la higiene!

Hoy, en el post de limpieza, vamos a centrarnos en nuestros pies ¿Por qué? Porque es imporante cuidar nuestros pies para que permanezcan siempre sanos y fuertes. Con demasiada frecuencia, los pies sufren con el uso de calcetines gordos y zapatos demasiado ajustados, lo que nos causa numerosas molestias debido a la sudoración y los malos olores.

Quitarnos los zapatos antes de llegar a casa y dejarlos fuera o en una ventana sirve para quitarnos la vergüenza en casa, pero no soluciona el problema.

Cuidar los pies significa comprender cuándo y porqué se presenta un problema, cómo prevenirlo incluso durante la agitada rutina diaria, y cómo darle la solución adecuada para que vuelvan a estar sanos.

Empecemos por un problema muy común: los pies sudorosos. Algunos se afligen solo durante el calor abrasador, otros lo sufren todo el año. La hiperhidrosis se produce cuando las glándulas sudoríparas reaccionan de forma exagerada a los estímulos, lo que produce más sudor del necesario. La causa es a menudo una elección desafortunada: el uso de calcetines demasiado gordos o sintéticos que evitan que los pies respiren. Lo mismo ocurre con los zapatos. ¡Es importante que dejen respirar nuestros pies!

Otras veces, el sudor acompaña con la sensación de tener siempre los pies fríos, lo que indica un posible problema de circulación.

Si el problema solo existe desde hace algún tiempo, podría tratarse como un desequilibrio hormonal, por lo que siempre es importante informar a tu médico de atención primaria sobre cualquier síntoma o cambio en los ritmos biológicos del cuerpo, sin vergüenza ni temor.

A veces, los pies sudorosos pueden tener causas psicológicas, como el estrés, la ansiedad o el nerviosismo. Aparte de la vergüenza de dejar huellas en el parquet incluso a través de los calcetines, ¡el sudor causa la proliferación de bacterias!

La culpa es tuya (y de los zapatos y los calcetines) hasta cierto punto. En cada centímetro cuadrado de pie, hay una cantidad de 10 millones de bacterias. Se alimentan de piel muerta, grasa, sudor, suciedad acumulada en cada punto de nuestros pies y nuestros zapatos. Son los brevibacterium, que producen metanotiol, los responsables del mal olor.

Ten en cuenta que son las mismas bacterias que se usan para la maduración de un queso holandés, el limburger. ¿Coincidencia? No lo creo.

Afortunadamente, existen muchos remedios naturales para evitar la proliferación de bacterias y para mantener los pies limpios y perfumados.


En primer lugar, y aunque suene obvio, ¡lavarse los pies! Hay que hacerlo de manera regular. Llena una cubeta o bidé con agua tibia y añade sustancias naturales (los llamados remedios de la abuela), como media taza de sal gruesa o vinagre, una taza de infusión de salvia, dos cucharadas de bicarbonato de sodio y, unas diez gotas del aceite de esencias que prefieras. Estos son productos que tienen un efecto desodorante, detergente y, en el caso de la salvia y el bicarbonato, también tienen una acción antibacteriana y antifúngica leve. Después de unos diez minutos con los pies en el agua, enjuágalos bien y sécalos cuidadosamente. Esto último es esencial ya que la humedad hace que las bacterias proliferen.

Cuida también la higiene de los zapatos: las plantillas de los zapatos se deben lavar una vez cada dos meses, incluso más si las usas con frecuencia. Pero, ¿cómo se hace? No se meten en la lavadora, porque el agua podría arruinarlas. Puedes usar dos métodos.
Ciérralas en una bolsa hermética junto con 100 gr de polvo de bicarbonato y déjalos trabajar toda la noche. Agita después las plantillas y déjalas al aire libre durante unos minutos y ¡voilá!
De manera alternativa, lávala a mano con agua tibia y jabón suave, como el de Marsella. No los sumerjas, simplemente cepilla las plantillas.

Vierte una pizca de polvo de maicena en tus zapatos para absorber el exceso de sudor. También puedes usar polvos de talco, una pizca de bicarbonato de sodio o usar plantillas absorbentes especiales. El alumbre de potasio también es útil, un tipo de desodorante natural que también se puede usar para las axilas.

Cada noche, sacude las plantillas y deja que se ventilen para eliminar los residuos de polvo. Para evitar problemas, cambia tus calcetines todos los días y elige medias de algodón. No uses los mismos zapatos durante varios días consecutivos.

Y por último, pero no menos importante, camina descalzo por casa, incluso cuando pasas tiempo en el sofá, ¡deja que tus pies se aireen!