Los besos y la higiene

¿Qué es, señora, un beso? 
Un juramento hecho de cerca;
un subrayado de color rosa que al verbo amar añaden; un secreto que confunde el oído con la boca; una declaración que se confirma; 
una oferta que el labio corrobora; un instante que tiene algo de eterno y pasa como abeja rumorosa; una comunión sellada encima del cáliz de una flor; sublime forma de saborear el alma a flor de labio y aspirar del amor todo el aroma..
Edmond Rostand - Cyrano de Bergerac

Estas bellas palabras del poeta y dramaturgo Edmon Rostand son pronunciadas por el espadachín Cyrano de Bergerac y plantean el beso de una manera poética y exhaustiva. El beso es un gesto tan instintivo y natural que, precisamente por estas cualidades, tiene mucho en común con la higiene. 

Damos por sentado que los mejores besos, los más románticos y apasionados, basan sus cimientos en la correcta higiene bucal. También, a nivel físico, el beso fortalece el sistema inmunológico al intercambiar en ese preciso momento entre 10 millones y 1 billón de bacterias. 
Los maniáticos de la limpieza ya deben estar temblando, pero no deben preocuparse: alrededor del 80% de estas bacterias son comunes en todo el mundo. ¡Es mucho más peligroso viajar en autobús o en transporte público que un bonito beso! Sólo el 20% del intercambio de bacterias es, en cambio, exclusivamente personal, por lo que el organismo que las acoge crea anticuerpos ad hoc para combatir esas bacterias que después de besar reconoce como "extrañas". Se trata de un proceso llamado inmunoterapia transversa que ayuda a combatir las infecciones dentales. ¡Besar es realmente bueno!

¿Sabías que los besos liberan también las llamadas hormonas del bienestar? Se denominan endorfinas y, entre las muchas propiedades, presumen de tener un efecto analgésico, por lo que son muy útiles para aliviar el dolor. Es decir, ¡que puedes evitar un dolor de muelas con un beso!

Incluso un beso en la mejilla es la base de un gran intercambio de bacterias. Sobre todo en países donde es se saluda con besos en la mejilla, como España. En este caso las bacterias intercambiadas se clasifican en 5 tipos, en su mayoría completamente inocuos. ¡Nada que ver, por ejemplo, con las diseminadas por un secador de manos en un baño!. En resumen, la ciencia muestra que un beso no puede dañar tu salud y que de esta acción tan bonita se derivan muchos aspectos positivos. 

Previo a todas estas investigaciones científicas, el beso es, ante todo, un hecho cultural, por lo que es un gesto percibido de maneras muy diferentes en todo el mundo. Un beso es distinto para un francés, un esquimal, un japonés o un neozelandés. Cada país tiene sus propios códigos. En España, por ejemplo, nos besamos en la mejilla en el momento de la bienvenida a modo de saludo y en la de despedida. En las culturas ortodoxas el beso en la mejilla es triple. Este gesto está generalizado en Ucrania, Serbia, Montenegro, Macedonia y Eslovenia, y también en los Países Bajos y Suiza. No obstante, hay culturas que consideran el beso como un gesto que pertenece a la esfera exclusivamente privada. Como en Japón, donde besarse en público se considera impropio. Una ligera reverencia mutua es mejor, signo de respeto y buen espíritu hacia el interlocutor. En Egipto, sin embargo, se concede el beso en la mejilla, pero entre personas del mismo sexo. Y en países africanos como Kenia, se considera que la boca solo es adecuada para comer.

Por último, el más famoso es quizás el beso tiernamente íntimo llamado "beso esquimal", que consiste en frotar la punta de la nariz, algo similar a lo que hacen los maoríes de Nueva Zelanda. En Tailandia, en cambio, se considera un gesto de afecto acercar la nariz a la boca de la persona amada e inhalar profundamente.

En conclusión, cada país que visitemos tendrá su propia cultura del beso. Un lenguaje universal y diferente.