La nieve

La nieve es fascinante por definición. Es una multitud de cristales de hielo con una simetría hexagonal básica, pero todos son diferentes entre sí. Es una especie de condensación entre el orden y el caos. Y si lo piensas, es una bonita metáfora de nuestra vida cotidiana. 

Además, la nieve siempre nos ha fascinado cuando blanquea el paisaje y lo transforma en un escenario completamente nuevo del horizonte que tan bien conocemos. 

Y cuando nieva, no sólo cambia el exterior, sino que también cambiamos nosotros, ya que el entorno trasciende en nuestro interior. El blanco induce a la calma y la relajación, nos trae orden y limpia la mente. ¿Por qué? Porque la nieve limpia el aire, absorbe lo tóxico y contaminante. Este es un buen motivo por el cual no debemos comer nieve que haya caído al suelo, ya que es muy probable que haya absorbido sustancias contaminantes (incluso una vez se haya compactado). ¿Has notado que se vuelve negra? Si realmente no te puedes resistir a comer un buen bocado de nieve, hazlo cuando acaba de caer, antes de que se multipliquen las bacterias. 
O bien, mira al cielo, extiende los brazos y trata de atrapar los copos que caen. Seguro que te recuerda a tu infancia. Un momento con encanto que nos brinda la nieve cada vez que cae.