El rocío

Mayo, ¡mes de las flores! Se trata de un mes en el que vivimos un aluvión de colores y aromas que nos recuerdan lo maravillosa que es la naturaleza, que nos sorprende con pequeños y grandes gestos. Algunos de sus gestos nos dejan si aliento, como una gota de rocío sobre un pétalo, una imagen similar a la de un pequeño diamante. Porque el agua, en todas sus formas, es siempre preciosa. 

El rocío es un fenómeno natural basado en la condensación, y se produce cuando la temperatura del suelo desciende hasta llegar al punto en el que provoca que el agua que se encuentra en el aire (en forma de vapor), pase a un estado líquido. Exactamente lo mismo ocurre cuando se forma la niebla.
Las gotas del agua que se posan sobre las flores o el pasto nacen por la condensación del vapor de agua que contiene el aire. Este vapor se detiene en las superficies que son más frías, como las flores, en forma de pequeñas gotas de agua. 

Por lo tanto, será más fácil encontrar el rocío después de una noche clara, con una mañana soleada y con una capa de aire húmedo cerca del suelo. Las zonas más comunes para que se forme el rocío son los fondos de valles y los campos, lugares en los que este fenómeno natural es muy beneficioso para la vegetación, ya que mantiene un nivel de humedad alto y reduce el daño de una posible sequía. 

“Descubrí el secreto del mar meditando en cada gota de rocío” (Kali Gibran)