El río

Siglos atrás, Herodoto, un gran historiador griego, afirmó que el río Nilo se alzaba directamente de las nubes. Conociendo el ciclo de vida del agua, aquella afirmación no estaba muy desencaminada de la realidad, ya que la lluvia cae sobre la tierra y toma diferentes formas: la que no termina en los glaciares y zonas heladas, fluye en la superficie originando ríos, arroyos y riachuelos.
Si el agua no se evapora inmediatamente (volviendo a ser parte de las nubes), se filtra en el suelo, alimentando las capas subterráneas de la tierra, creando ríos subterráneos. El río es, por naturaleza, uno de los fenómenos naturales más conectados a la vida humana. No sólo porque, como el ser humano, está cambiando constantemente. No sólo porque el agua, impulsada por la gravedad, fluye perpetuamente, al igual que el tiempo, y nunca regresa a la fuente.

 

No sólo porque el río en sí mismo tiene una naturaleza dinámica, en constante cambio en relación con el entorno: desde la conformación de los bancos de agua hasta las zonas de inundación, las diferentes zonas del río se han desarrollado en armonía con el propio río, de acuerdo con unos equilibrios naturales complejos.
No sólo porque las civilizaciones más antiguas han evolucionado cerca del agua, explotándola para la agricultura y usándola como una excelente forma de comunicación. No sólo porque los ríos son ricos en biodiversidad y son fuente de energía.

No sólo por alguno de estos motivos descritos en este artículo, sino por todos ellos en su totalidad, el río es el espectáculo de la naturaleza a través del cual, día tras día, desde el origen hasta hoy, cuenta una historia que habla de la vida.