El lago

Un lago es un gran espejo de agua dulce en el que ver reflejada la plácida tranquilidad del entorno. 
Si lo describiéramos en términos científicos, diríamos que un largo es una gran masa de agua dulce recolectada en las cavidades de la tierra. Los grandes lagos se denominan ”mares internos”, como son el Mar Caspio o el Mar Muerto que, a pesar de su nombre, son técnicamente lagos. 

Pero, ¿por qué son salados si son lagos? A pesar de su enorme tamaño, el Mar Caspio se encuentra dentro de una cuenca endorreica, es decir, sin litoral. La salinidad, como en el caso de los mares, se debe al suministro continuo de material disuelto en el agua de los ríos y, dado el pequeño volumen de agua (en comparación con la enorme masa de los océanos constantemente mezclados), la salinidad también puede ser muy superior a la del agua de mar. Es precisamente el caso del Mar Muerto: con un 37% de salinidad, solo unas pocas especies de bacterias sobreviven en sus aguas. De ahí su nombre.

Y, ¿cómo podemos explicar el alto nivel de salinidad? En las áreas continentales con un clima árido, la evaporación es alta y reduce la cantidad de agua, porque el agua introducida es más pequeña que la que se evapora. Un lago alcanza su equilibrio hídrico a través de la introducción de agua por los ríos, llamados afluentes (también los subterráneos), a través de manantiales, glaciares o precipitaciones. También el flujo de salida que ocurre a través de los ríos, llamados emisarios, y la evaporación afectan al nivel del agua de un lago, así como a su salinidad y acidez. Es por eso que, a escala geológica, la vida del lago a veces es realmente corta (aunque dure miles de años). 

¿Sabes cuántos lagos hay en la tierra? Según algunos estudios realizados con imágenes de satélites, ascendería a 117 millones, y están distribuidos por todos los continentes. Solo en Alaska hay cerca de 3 millones de lagos, sin tener en cuenta aquellos de menos de una hectárea, que se encuentran principalmente en áreas precosteras.  

El lago más profundo del planeta se encuentra en Siberia: las aguas del helado lago Baikal alcanzan una profundidad de 1642 metros. Representan alrededor del 20% de las reservas de agua dulce del planeta, excluyendo los glaciares y los casquetes polares. Por extensión de superficie, le sigue el Lago Superior, en América del Norte; el Lago Victoria, en África; el Lago Titicaca, en América del Sur. El Mar Muerto, por otro lado, tiene otro récord: está en el nivel más bajo jamás registrado, en una cuenca a 400 metros bajo el nivel del mar. Mucha curiosidad para llegar a la misma conclusión: el hombre siempre ha estado vinculado a los lagos para su supervivencia. La pesca, el uso del agua dulce para el riego, la energía, como fuente de agua potable o, en los tiempos más actuales, para el turismo, hacen que los lagos sean recursos fundamentales. 

Hoy, el lago también es una oportunidad para practicar deportes: vela, remo, buceo o, simplemente, natación. Sin embargo, nadar en los lagos, así como en los ríos, puede ser peligroso porque el agua es, en promedio, más fría. Además, vientos repentinos pueden hacer que surjan olas comparables a las del mar y, en caso de mal tiempo, llegan a producirse. La superficie plana del lago puede ocultar corrientes subterráneas causadas por emisarios submarinos y ríos afluentes. Un conocimiento cuidadosos del medio ambiente podría prevenir una gran parte de los accidentes que ocurren anualmente: como cualquier otro elemento natural, el lago no es peligroso en sí mismo.

La niebla, los ríos, los arroyos, los mares y los lagos siempre han estado en el centro de la mitología, las leyendas y los cuentos populares. A lo largo de la historia se usaron en fantasías temerosas, como fue Nessie, el mítico monstruo del lago escocés. Pero también como elementos protectores, como en la historia de la espada de Excalibur y el Rey Arturo. Después de todo, el hombre siempre ha deseado un mundo mágico, lleno de lagos, ríos y mares. La magia de la vida nacida del agua.