Agua dulce y agua salada

"La cura para cualquier cosa es el agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar".
Isak Dinesen.

Mirando la Tierra desde el espacio puedes ver la enorme cantidad de agua que la cubre, aproximadamente tres cuartos del planeta son azules. Un planeta azul en el que, gracias al agua, la vida nació hace unos 4 mil millones de años.

El agua que cubre la tierra se comprende entre los océanos y mares, los glaciares y los casquetes polares, y en lagos, ríos y arroyos. De toda esta agua, alrededor del 97% es salada.
La mayoría de las vías fluviales del planeta desembocan en el mar. Cuando el agua de lluvia corre sobre el suelo disuelve parte de las sales minerales contenidas en las rocas, transportando agua rica en sales y nutrientes al mar. Estas sales minerales se han depositado durante miles de millones de años en el mar, volviendo al agua de mar salada. 
En el ciclo del agua, el sol evapora parte del agua, generando así nubes que están cargadas de lluvia. Pero las nubes, no contienen sales y generan lluvia que da comienzo a un nuevo ciclo para ser vertida en el suelo y absorber nuevos nutrientes. 

Los manantiales, donde se originan los arroyos y ríos, los acuíferos subterráneos y el agua helada de los casquetes polares, son por el contrario agua dulce de la que depende nuestra supervivencia. Esta es el agua que necesitamos para calmar nuestra sed, lavarnos a nosotros mismos o cocinar. 

Todo en nuestro planeta está en equilibrio. Por eso es tan importante intervenir para proteger el medio ambiente, para preservar intactos los hábitats naturales y el inmenso patrimonio de biodiversidad de la Tierra. Si rompemos este equilibrio, el calentamiento global derrite una cantidad excesiva de hielo de los casquetes polares. El nivel del mar aumenta y la salinidad del agua cambia, pudiendo alterar las corrientes marinas, lo que es indispensable para la supervivencia de las especies animales de todo el mundo. 
Solo piensa en el kril, la base de la cadena alimenticia marina, que se moverá siguiendo las corrientes. Modificar estos mecanismos naturales podría tener consecuencias inimaginables. 

Estas son las razones por las que debemos cambiar y construir un camino hacia un futuro sostenible que, afortunadamente, ya ha comenzado. Porque el agua, el agua limpia, es también la base de nuestra vida y debemos protegerla para generaciones venideras.